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Director: Eugenio Jesús de Ávila Juárez
Fuerzas políticas y sindicatos agrarios apoyan el proyecto de la biorrefinería El Centro de la UNED de Zamora impartirá el grado de Criminología L’ Anfhore, el primer vino elaborado en ánforas de barro Los enemigos del progreso
Juventud: ¿enfermedad o tesoro? G.B. Shaw afirmó, con fina ironía, que la juventud es una enfermedad que se cura con los años. Para Rubén Dario era un divino tesoro. Sin duda, los miles de jóvenes universitarios, o no, que ayer pasaron la tarde en el Auditorio del Ruta de la Plata, festejando su fiesta, esta etapa de su vida resultará inolvidable, aunque surjan fracasos en los estudios o reveses en el amor. Los más inteligentes aprenderán más con las derrotas que con los éxitos. Mientras, que sean felices.
A Martínez-Maíllo, hay que traducirlo. El sábado, junto a la mágica iglesia románica de La Horta, en la que mora el Cristo de la Agonía, de la Hermandad de las Siete Palabras, el flamante coordinador general del PP nos anunció la buena nueva de que la carretera entre la capital de la provincia y la frontera lusa se transformará en autovía. Loado sea el poderío. Traduzco las palabras de la mano derecha de Rajoy en que ahora tiene poder, un poder real, que le permite exigir a otros miembros de la elite de la formación popular acciones que, en otro tiempo, mendigaba y suplicaba y nunca recibía ni una mísera limosna, quizá las sobras que quedaban en la mesa de la autoridad. Ahora, producida la metamorfosis en la crisálida conservadora, Fernando posee potencial suficiente, poderío, para traer a nuestra provincia lo que los zamoranos nos merecemos, hartos de que durante todo el periodo de esta democracia camelo se nos olvidase en Valladolid y Madrid, tanto por montescos como por capuletos. Martínez-Maíllo, cuando fue presidente de la Diputación, apoyo, de forma tácita, sin alharacas, el proyecto de la biorrefinería multifuncional de Vicente Merino. Entonces no era nadie. Ahora lo es casi todo, suficiente para que, si se lo explican, resulte decisivo su parecer para que, en Barcial del Barco, se construya un industria que podría transformar el norte de la provincia, favorecer a nuestra agricultura y asentar población. No obstante, reconozco que la idea del ingeniero zamorano cuenta con poderosos enemigos. Pero necesitamos a zamoranos con poder, como Martínez-Maíllo, para asir la utopía. “En tus manos, encomiendo mi espíritu”. Por E.J. de Ávila.