¿Existe un punto en el que pensamiento y acción se unan de forma indisoluble?
Tal vez en ciertas prácticas de meditación, en algunos rasgos de la pintura, en ciertos mantras o rezos repetitivos, en algunas variaciones musicales o arquitectónicas, en el ejercicio infraleve de la respiración.
Las obras contenidas en esta publicación participan de ese estado en el que el tiempo parece suspenderse, o al menos cambiar su latido acostumbrado.
Palabras claves como repetición, patrón, trama o distorsión nos ayudan a entender lo que estos trabajos hacen, al menos en su superficie. Este último término debe ser entendido como aquél plano fundamental que explica y justifica las múltiples tareas que Carolina Segovia, Estela Martínez y Elina Lucero se han auto-impuesto, en tanto práctica de una idea de la pintura que está más allá de las consideraciones legitimadoras propias del campo del arte.