Al iniciar el nuevo milenio de la era cristiana, en Bolivia estalla una de las más grades crisis de su historia, crisis múltiple, que atraviesa distintos planos de su composición estructural. Hablamos de una crisis económica galopante, en parte, por lo que tiene que ver con la crisis que arrastra el capitalismo desde la década de los setenta, en parte por los efectos destructivos de la aplicación de medidas neoliberales, llamadas del ajuste estructural, en pleno contexto de la globalización. Crisis política, que podemos caracterizar como crisis de la democracia formal, instaurada en 1982 como conquista popular, después de la huelga de hambre de las mujeres mineras (diciembre de 1978). Esta democracia sufre su primer colapso cuando el Congreso, copado en su mayoría por las representaciones de la derecha termina haciendo imposible el gobierno de la Unidad Democrática (UDP) y popular.