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Fernando Raluy.
Me inmiscuyo entre el ciprés y su figura toco la estrella que él toca la misma tormenta que rompe sus brazos quiebra mi tiempo y mis deseos de quedarme aquí hacen que él no se marche. Me licúo y voy en su savia a la carne verde de sus hojas y me enraízo como a vivir. Quién sabe qué es el ciprés ahora que en él vive un hombre que es una pregunta.
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