A17 VOL 730
APRENDE
Por Dra. Nancy Álvarez
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Foto ilustrativa (Pexels).
Quisiera que alguien me explicara, como si yo tuviera cinco años, ¿cómo diablos van a lograr los maestros que los niños mantengan la distancia social, no compartan sus alimentos, conserven sus manos limpias, no se toquen la cara ni los ojos y, lo más difícil, no corran, suden y después se abracen? Hoy vi a un niño en internet, cuya foto se hizo viral. Su madre lo mandó a comprar algo, y él no quería ir solo. Decidió llevar a su perro, pero antes le puso una mascarilla. Hay que reconocer que nuestro mundo no está lleno de niños como estos, aunque existen. Si no hemos logrado que adultos y adolescentes usen mascarillas, ¿qué nos asegura que los pequeños lo harán? Tampoco creo que la mayoría de las escuelas de EE. UU. —ni qué decir de las de Latinoamérica—
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» ¿JUGANDO CON LA MUERTE?
¿Deben ir sus hijos a la escuela? i usted me hiciera esa pregunta, mi respuesta sería no. ¿Por qué? Es muy sencillo: si a los adultos nos cuesta seguir las reglas que impone la pandemia, ¿cree usted que los niños las llevarán? Sigo sin entender cuál es el objetivo de abrir clases con presencia física en el aula. No solamente por los niños, sino también por los maestros y todos lo que tienen relación con su funcionamiento. Aún estamos sufriendo las consecuencias de la apertura precipitada de nuestros estados. Específicamente, ciudades como Miami están padeciendo por una pandemia que, después de haber sido casi controlada, se ha desbordado con la apertura. Al punto de ser el epicentro por varias semanas de todo Estados Unidos en cuanto al COVID-19. Entiendo la necesidad de abrir ciertos negocios. Si no, ¿de qué la gente va a comer y cubrir sus necesidades? Entiendo la urgencia de reavivar la economía de nuestros países, pero aun así creo que la vida de los seres humanos es más importante que el dinero y la permanencia de los negocios. ¿Qué pasaría si nuestros niños terminaran este año recibiendo la instrucción a través de internet? ¿El mundo se acabaría? No. Como dijo una madre: “yo prefiero tener a mis hijos vivos, aunque tengan que repetir el año escolar”.
Del 20 al 26 de agosto de 2020
tengan el espacio suficiente para mantener la distancia social. La socialización, o sea, jugar con sus compañeros, aprender unos de otros, hacer la tarea juntos, es importante; pero aún más importante es mantener a nuestros hijos sanos y tratar de que sigan aprendiendo desde casa. Sé que esto es sumamente difícil para los padres que trabajan y dependen de lo que ganan para mantener su casa. Quizás, en este tipo de situación, pueda ayudarse a esos niños poniéndolos en la escuela. Y, como supuestamente serían menos, se respetarían más fácilmente las normas para no seguir contagiando a la gente que nos rodea. Esa es la mejor lección que debemos darle a nuestros pequeños: ser responsables y considerados con los demás. www.NancyAlvarez.com
A dónde nos lleva la desinformación Por Mary Luz Marques
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os encontramos en un mar de desinformación, mensajes contradictorios y muchas teorías sin validez científica sobre el COVID-19. En los Estados Unidos, no tenemos un plan estratégico de comunicación que permita una narrativa responsable a nivel nacional, ante la complejidad de la pandemia. Sin un liderazgo gubernamental que establezca, y refuerce pólizas de compromiso mutuo, el colapso es inevitable. La ambigüedad de la desinformación Los científicos que asesoran el grupo de trabajo sobre el COVID-19 en la Casa Blanca están pidiendo, con urgencia, que cada ciudadano sea un agente activo y responsable, en nuestras comunidades para salvaguardar la vida de todos. El uso de tapabocas es primordial como instrumento de prevención para mitigar este virus maligno que no reconoce ni edad ni fronteras. Muy a menudo, los líderes expresan mensajes contradictorios creando ambientes de falsas expectativas de comportamiento en la población. ¿A qué estamos jugando: ¿A vivir o morir? Las estadísticas y su interpretación Cuando la desinformación es transmitida y usada en las altas esferas del gobierno, como una pieza de ajedrez para originar un debate político, denigra la gravedad de la emergencia de salubridad en la cual nos en-
contramos. Esa insensibilidad al dolor de los familiares que han perdido a un ser querido o amigo, y que solo han recibido las cenizas al final de esa batalla contra el COVID-19, es un precio muy alto para pagar. Los números no engañan: ¡Tenemos más de 172,000 muertos! Sin estrategia de comunicación Como una pieza de dominó, la desinformación, y su propagación, está ocasionando una inmunización colectiva a la gravedad de esta pandemia. Sin un liderazgo que conlleve un mensaje firme de concientización y de participación, para combatir el COVID-19, el fracaso está a la vuelta de la esquina divisando la suma diaria de más muertes por la pandemia. ¿Hechos u opiniones? La UNESCO en su sección Coalición Mundial para la Educación presenta gráficos que nos ayudan a distinguir estos dos conceptos. Por un lado, los hechos son informaciones objetivas que usan un lenguaje de referencia sobre estudios, datos oficiales, reportajes sobre expertos explicando el desarrollo e impacto de un suceso. Las opiniones, por el contrario, son argumentos subjetivos de interpretación o perspectiva de una persona u organización. ¡Es imperativo aprender a diferenciar estos dos conceptos para evitar ambigüedades informativas! Contacto: LinkedIn @ maryluzmarques Twitter @maryluz_marques