cios y privilegios, no obtuvo los que seguramente hubiera querido asignarse, sino los que discrecionalmente le cedía la élite imperial. Es decir, los beneficios del grupo intermedio no estaban en función de lo que él hiciera o dejara de hacer, sino de lo que hiciera o dejara de hacer la élite hegemónica. Éste era un grupo independiente; el otro, en cambio, era dependiente. La fuerza social hegemónica “se” había fijado sus propios objetivos y los alcanzaba paulatina e incesantemente. En cambio, la otra fuerza social, a pesar de tener sus propios objetivos, lograba sólo aquellos que “le” permitía alcanzar la élite imperial inka. Para la inmensa masa de hatunrunas, mitimaes, yanaconas, acllas y piñas, el proyecto imperial, por el contrario, lesionaba seriamente sus intereses: atentó contra sus vidas, les arrebató sus territorios, les quitó sus hijas e hijos, les impuso a muchos un nuevo idioma, los dasarraigó y llevó a parajes desconocidos y hostiles, obligó a muchos al celibato forzoso, los obligó a aportar enormes tributos, etc. A no menos de 9 millones de personas el proyecto imperial les resultaba objetiva e inexorablemente dañino. No era su proyecto. Entre tanto, y mientras durase la marejada inka, el proyecto nacional de cada uno de los pueblos conquistados habría de permanecer “sumergido”. Por lo menos hasta que, eventualmente, un conjunto favorable de condiciones le permitiera aflorar nuevamente a la superficie.
Intereses y objetivos El Imperio Inka, en los albores del siglo XVI, mostraba pues cuatro grandes grupos
Cuadro Nº 10
Intereses y Objetivos generales Grupo social
Int.
Obj.
Élite imperial Sector intermedio Hatunrunas - Mitimaes Yanaconas - Piñas
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sociales: la élite hegemónica, el grupo intermedio dominante no hegemónico, el sector dominado de hatunrunas y mitimaes, y el sector dominado de yanaconas y piñas en condición esclavizada. Cada grupo tenía su propio conjunto de intereses por defender y, por consiguiente, aspiraba a alcanzar su propio conjunto de objetivos. Afirmar –embriagados de idealismo, e incluso de chauvinismo anticientífico– que no hubo tal multiplicidad de grupos, y en consecuencia la correspondiente multiplicidad de conjuntos de intereses y objetivos, equivale a sostener que la sociedad andina bajo el Imperio Inka era un conjunto social homogéneo. Y ello, simple y llanamente, es insostenible –no obstante, ésa es la imagen que se suyo difunde aún la historiografía tradicional–. Pues bien –recurriendo a una analogía de la física–, cada uno de los cuatro grupos era una fuerza –fuerza social– y se comportaba como tal. Cada una de las fuerzas sociales actuaba, implícita pero coherentemente, para mantener sus intereses, es decir, para preservar todas aquellas conquistas materiales y espirituales que históriamente había logrado. Pero también actuaba para incrementarlos, y así alcanzar los objetivos que, quizá también sólo de manera implícita, se había fijado.
TAHUANTINSUYO: El cóndor herido de muerte • Alfonso Klauer
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