haya sido erradicado, sino que más bien ha permanecido incólume en el Altiplano? La inconsistencia, pues, es evidente: el mismo idioma se nos presenta “débil” en un territorio y momento histórico y fortísimo en otro. Por lo demás, ¿cómo entender entonces que los inkas obtuvieran resultados tan distintos en sus dos territorios inmediatamente vecinos? Porque, en efecto, en la frontera noroeste, en Ayacucho, supuestamente habrían erradicado el aymara imponiendo el quechua; y en la frontera sureste, en el Altiplano, no pudieron imponer el quechua como único idioma, y subsistió el aymara como la lengua mayoritaria del área. De otro lado, ¿qué atributos habrían permitido al quechua, en el área del Cusco, y al aymara, en el Altiplano, permanecer vigentes incluso al cabo de casi 500 años de la incuestionable hegemonía del castellano? No lo sabemos. Mas siendo esas vigencias idiomáticas realidades incontrastables, nos afirmamos en la hipótesis de que la erradicación de los idiomas sólo es posible al cabo de muchos siglos. Y, en consecuencia, ello no habría podido ocurrir en un siglo en el presunto caso del aymara de Ayacucho. Siendo pues que no habría habido erradicación de ningún idioma, debe admitirse, entonces, que el idioma ayacuchano de los chankas no fue otro que el propio quechua.
El origen del quechua
Si el quechua fue el idioma de los chankas durante el Imperio Wari, fue entonces el idioma difundido en los Andes entre los siglos VI y XI. Y, en consecuencia, se difundió pues también, o se consolidó como tal, en el
área del Cusco, que fue no sólo parte importante del Imperio Wari, sino el territorio conquistado más próximo a Wari, la capital imperial de los chankas. ¿Puede de ello concluirse que el quechua nació pues en Ayacucho? No. Porque dominando durante siglos los chankas a los moche–mochica (chimú) –(a2) en el Gráfico Nº 21–, si no pudieron erradicar el muchik de éstos, debe presumirse pues que tampoco pudieron erradicar el idioma de los vecinos chavín –(c2)–. Y, en el improbable caso de que esto hubiese ocurrido, tendría que admitirse entonces que el quechua fue implantado en los Callejones de Huaylas y Conchucos en apenas el siglo de hegemonía inka (c) lo que es todavía menos probable. El quechua, entonces, necesariamente habría sido también el idioma de los chavín durante el Imperio Wari (c2). ¿Cómo habría llegado pues el quechua a implantarse en los Callejones de Huaylas y Conchucos y en Ayacucho desde antes del Imperio Wari? Torero presume que en el período inmediatamente anterior al Imperio Wari –“C” en el gráfico–, en mérito a su privilegiada situación geográfica, entre los pueblos del norte y del sur, habría correspondido a la nación ica, fundamentalmente desde la hegemónica Nazca, la tarea de difusión del quechua. Y que, en el período precedente –“B” en el gráfico– dicho rol habría sido cumplido por Pachacámac 652, que, a la caída del Imperio Chavín –“A” en el gráfico–, habría ocupado el papel de centro religioso ecuménico. ¿Fue entonces el centro ecuménico de Pachacámac el foco originario del quechua? Es muy poco probable. Y dos razones abundan en esa conclusión. La primera es que –a
TAHUANTINSUYO: El cóndor herido de muerte • Alfonso Klauer
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