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TEOLOGÍA

Alan Perdomo @alanperdomo4j

Implicaciones muy prácticas de...

La unión hipostática de Cristo A UNIÓN… ¿QUÉ?, «Ah, debe ser otra de esas frases que les gustan a los teólogos y que no tiene nada que ver con la vida real». Esas podrían ser algunas de tus reacciones al leer el título del presente artículo. Sin embargo, si queremos entender mejor lo que confesamos como creyentes y así orientar mejor a los jóvenes, quizá sea hora de comenzar a estudiar con seriedad e inteligencia las implicaciones de las grandes frases teológicas de la fe. En esta ocasión, te invito a repasar y reflexionar en los alcances de la «Unión hipostática de Dios el Hijo».

REPASEMOS… ¿QUÉ ES LA UNIÓN HIPOSTÁTICA? Este concepto teológico se define como la unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la Persona única del Señor Jesucristo. Sin duda es una de las ideas teológicas más difíciles de comprender. Se desarrolló después de cientos de años de discusiones en los primeros siglos de historia de la iglesia. Fue el Concilio de Calcedonia, en el año 451 d.C., el que lo definió con las siguientes palabras: «Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación». Básicamente, lo que esto quiere decir es que es importante preservar ambas naturalezas de Cristo sin confundirlas ni separarlas, pero tampoco debemos afirmar que Jesús estaba formado por dos personas, una humana y otra divina, como que si el Salvador sufriera de doble personalidad. Ambas naturalezas subsisten en Cristo, pero Él es una sola Persona. Una buena manera de hablar sería la siguiente: «Jesús podía hacer milagros porque poseía la naturaleza divina» o «por ser Dios, Jesús merece nuestra adoración», a diferencia de decir que «su parte divina» hacía los milagros o «su lado humano se cansó», lo cual es un error porque entonces separamos sus naturalezas. La persona única de Jesús hizo milagros y se cansó. Así debemos hablar para evitar separar o confundir las naturalezas o dividir a la Persona de Cristo. Sin embargo, en medio de estos profundos conceptos, quizá te preguntarás «¿Y qué tiene que ver esto conmigo?». Algunas implicaciones bastante prácticas de esta doctrina tan profunda:

SI JESÚS ES 100% SER HUMANO, ENTONCES… Eres parte de una raza privilegiada. ¿Te imaginas? La segunda Persona de la Trinidad se hizo un ser humano, agregando a su naturaleza divina, eterna y perfecta los atributos propios de la humanidad. Entonces, podemos afirmar confiados que el Señor es parte de la raza humana, ya que, recuerda que después de su resurrección y ascensión, él continuó siendo un humano aunque con cuerpo glorificado. Lo anterior eleva nuestra propia humanidad hasta niveles gloriosos. El Señor del cielo se dignó hacerse un ser humano como nosotros. Qué inexplicable

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pero a la vez prestigioso hecho. ¡No soy cualquier criatura! ¡Él es como yo! Puedes seguir su ejemplo. Quizá hayas escuchado a muchos que dicen «Bueno, pero Jesús era Dios. No me pida que sea como Él». Sin embargo, varias veces en el Nuevo Testamento se nos invita a imitar a Jesús. Él mismo afirmó: «…aprendan de mí…» (Mt. 11:29). Pablo le dice a los corintios «Imítenme a mí, como yo imito a Cristo» (1 Cor. 11:1) y Pedro afirma que Jesús «sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos» (1 Ped. 2:21). Por supuesto, si se nos manda a ser como el Maestro es porque tal cosa es posible. No se nos invita a imitar la omnisciencia u omnipotencia o cualquiera de los atributos divinos de Jesús, sino su servicio, su vida de oración, su amor ( Jn. 15:12), su misericordia o sus sufrimientos. ¡Sigue imitando al Señor en estos y otros aspectos de tu carácter! Que las personas que te vean se asombren de ti y reconozcan que has estado con Jesús (Hch. 4:13). Él se identifica completamente contigo. Debido al énfasis casi exclusivo que muchas veces hacemos en la deidad de Jesús, inconscientemente llegamos a pensar en Dios como alguien lejano a nuestros sufrimientos. Por supuesto que confiamos en su poder y su amor, pero en el fondo lo vemos casi como un proveedor poderoso, pero algo lejano. Sin embargo, la Escritura afirma que, al mismo tiempo que Cristo es un extraordinario sumo sacerdote ya que trascendió los cielos (Heb. 4:14), también «fue tentado en todo, de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado» (Heb. 4:15).


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