Proezas productivas
1. Botella de agua mineral para línea de Termas Villavicencio (1995). pet. Realización de modelos y visualizaciones con los programas digitales Coreldraw, Autocad y 3D Studio; prototipado con estereolitografía. Diseño: Simón Ponce.
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Todo por dos pesos. Con la moneda argentina equiparada al dólar estadounidense y con pocas barreras de importación, son miles y miles los contenedores que ingresan mensualmente al país cargados de remeras, osos de peluche, masajeadores, utensilios de cocina, herramientas, bicicletas. Nada escapa al vasto universo objetual engendrado por el gigante asiático, con baja calidad y estética estridente. En los hipermercados y los mayoristas, los artículos locales empiezan a ser minoría frente a aquellos que portan la inscripción «Made in China». El modelo económico presenta oportunidades y riesgos. A la vez que algunas empresas nacionales con capacidad y cultura industrial aprovechan la liberalización comercial para equiparse, otras, que no pueden contra los precios bajos de los bienes foráneos, cubren con lonas sus maquinarias y viran sus negocios hacia la reventa. El nuevo esquema de inserción en el mapa global abre las puertas del país de par en par a las multinacionales. También, dos caras: así como están las que se arriman para potenciar y modernizar la producción, hay inversores que solo pretenden hacer un negocio rápido y terminan desguazando sociedades de larga data. Las economías regionales son las más golpeadas por el tipo de cambio. El caso de la vitivinicultura es especial, pues, con la privatización de Giol en 1987, la llegada de capitales extranjeros y el paso de un modelo cuantitativo a uno cualitativo, comienza una larga reestructuración modernizante que se coronará en 2002 con la devaluación y el boom exportador. La visión ideal de un contexto industrializado, para el que se preparan los diseñadores en las aulas, dista de la coyuntura real. Es difícil afrontar la competencia, por lo que son excepcionales los casos que pasan de la pieza única o el prototipo a la fabricación en serie. Como en reiterados episodios de la historia política y económica nacional, el panorama determina que ciertas experiencias sean tomadas como hazañas. Mientras que la cristalería Rayén Curá es comprada por el grupo francés Saint Gobain, el estudio Ruggiero, fundado en 1971, desarrolla en los años 90 una gran variedad de latas y de botellas de vidrio para productos alimenticios locales. Los objetivos son dos: generar identidad desde los envases y, tan importante como el primero, optimizar los costos. Para hacerlo, el equipo liderado por Tiberio Ruggiero, docente de la Escuela Superior de Diseño (esd) de la Universidad Nacional de Cuyo (uncuyo), emprende estudios morfológicos, hápticos y de factibilidad productiva. Además de este servicio, su infraestructura le permite resolver un espectro amplio de encargos para clientes como Vargas Arizu, Copisi, Fecovita y Bodegas López: desde marcas, etiquetas y estuches en madera, cartón y metal, hasta señalética, regalos empresariales, botellas gigantes de utilería y carros vendimiales. También en el campo del packaging, Simón Ponce delinea la etiqueta y la botella de 1,5 y 2 litros (1992 y 1995) para el agua mineral Villavicencio. Ponce es un joven profesional destacado internacionalmente; su trabajo final de carrera, una unidad médica de primeros auxilios, acaba de ser distinguido con los premios Braun (1986) y Rolex (1987) y publicado en la revista alemana md Magazine.