ESCÚCHAME, MAMÁ Municipio: Camargo, U.E. El Porvenir
Servidumbre Costumbrista
Ella es Juanita, una niña alegre de apenas 7 años, es la hermana mayor de 5 hermanos. Sus padres eran humildes y no les alcanzaba para mantener a su familia. Un día de esos, llegó a su casa doña Felipa, quien al ver la pobreza de la familia decidió llevársela a la niña Juanita. Le dijo a su madre: -¡Comadre!, ¡Mira haber tu hija!, ¡tan descuidada y flaca!, me la voy a llevar, conmigo va a estar mejor, la voy a criar como a mi hija-, al escuchar aquello, su madre se esperanzó de que, al menos Juanita pudiera tener una mejor vida. La señora Felipa, desde el principio sabía lo que quería: una criada gratis que haga todo lo que ella quería.
CAMARGO
Autora: Prof. Luz Isabel Miranda
Se llevó a Juanita con engaños, les dijo a sus padres que iba a estudiar y que sería como una hija más para ella, por eso aceptaron, con mucha tristeza, pero, querían velar por el bienestar de la niña. Les dejó 500 bs. como pago por la niña. Juanita lloró mucho al dejar a sus padres y hermanos, sin embargo, también tenía la ilusión de que su situación podía ser mejor que en ese momento. Se fue con cierta esperanza. Después de un día de viaje llegaron a la ciudad de Potosí, Juanita sentía frio y miedo, pues todo era nuevo para ella. La señora Felipa la acomodó en un cuarto frío y húmedo debajo de la escalera donde había una cama con una sola frazada. Esa noche Juanita no pudo dormir de frío. La señora la levantó muy temprano y le dijo lo que tenía que hacer: todas las labores de casa, la comida y atender a su hijo y su esposo. Juanita hacía lo mejor que podía, pero la señora siempre estaba descontenta con su trabajo y le decía que por eso no le iba a pagar ese mes ya que es más gasto que beneficio. La señora Felipa parecía no conformarse con nada. Cuando se quedaba sola, el señor Manuel que era esposo de doña Felipa, se le acercaba demasiado, la tocaba donde no se debe tocar a una mujer y ella solo lloraba y en las noches sólo repetía: -Ayúdame, mamá-. Así pasaron los días, las noches y algunos años y los padres de Juanita nunca supieron de su sufrimiento y que había abandonado la escuela. Una mañana cualquiera la mamá de Juanita vio acercarse a lo lejos a una mujer joven que llevaba a un niño en brazos. Era una mujer más bien, flacuchenta y demacrada, no la reconoció: era Juanita que cargaba a su hijo. Se acercó más y la madre rompió en llanto al ver a su hija de esta manera. La abrazó, y las dos lloraron amargamente hasta formar un charco. Y Juanita solo le repetía, “no me dejes mamá”.
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