ALICIA MAGUIÑA
pero en caballo de paso llegó el apuesto patrón y se fue con Asunción y se fue en su Pegaso y se fue con Asunción a apañar el algodón, a apañar el algodón.
SABORES Y OLORES INOLVIDABLES No recuerdo haber comido potajes mejor preparados que los de la casa de los Badaracco Malatesta, gente muy refinada de Ica. Don Pancho, el papá, era un hombre cultísimo, y Chabuca su esposa, siendo mucho mayor que mi mamá, se hizo muy amiga de ella. Fue así como resulté ser la única niña, a la que “que por delicada y fina” –según dijeron– invitaban a compartir con los adultos la magnífica mesa que lucía finísimo mantel de hilo e importante vajilla y cubiertos de plata. Me acuerdo también de que Blanquita –una de las hijas– preparaba unos maravillosos pastelillos de yuca rellenos con manjar blanco que, en una fuentecita de plata con tapa, llegaban a mi casa en las manos de Soledad, quien vestía de negro con delantal y cofia blancos, almidonados, impecables. Hasta ahora se me hace agua la boca por el dulce iqueño de cáscara de naranja o toronja en almíbar, postre que en ninguna parte de la tierra lo harán como la “Mama María” de mi irremplazable amiga Isabel “Niní” Badaracco. Las garzas en la pileta, los dátiles, los cerezos, los ciruelos, las palmeras y los tacones en flor de aquella casa espléndida, en la que brillaban con naturalidad el cariño y las buenas maneras, permanecen conmigo. Y hablando de sabores inolvidables de la gloria de Ica, la mazamorra morada, los helados y la torta de finísima textura de mi cumpleaños eran preparados por las delicadas manos de Esther “La Morena” Malatesta Pellane, cuya casa tenía una huerta en donde saboreaba tanto las naranjitas de Quito como las uvas que cogía con mi propia mano de la parra, y los mangos verdes que comía con sal8, costumbre muy iqueña. Desde aquella edad temprana me sentí atraída por el olor del dormitorio de esta inigualable y querida dama, ese perfume delicioso con el que me reencontré varios años más tarde en casa de Martha Zoeger y Constante Larco Hoyle, en la hacienda Chiclín en Trujillo: el aroma de L’Heure Bleue de Guerlain, que en cuanto empecé a trabajar volé a comprármelo, y hasta hoy me aromo con ese aroma, que se ha convertido en parte de mi piel. Mi aroma.
8 Hace poco me enteré de que en otros países también comen los mangos verdes con sal, pero para mí seguirá siendo una costumbre muy iqueña.
40