ALICIA MAGUIÑA
POR LA PUERTA GRANDE Al primer almuerzo de exalumnas del Santa Úrsula (1957) asistió como invitado el periodista Luis Felipe Angell “Sofocleto”, quien nos divirtió con un discurso de su especialidad: el humor, al que siguió mi intervención artística. Con entusiasmo, sencillez y natural sinceridad ofrecí mis canciones. A la semana de este encuentro, mi querida amiga María Montalbetti, también ursulina, me dio el espaldarazo al ofrecer en mi honor una comida a la que asistieron don Luis Miró Quesada de la Guerra –director de El Comercio–, Clodoaldo López Merino –jefe de redacción de ese diario–, Avelino Aramburú Raygada –uno de los dueños de la disquera Sono Radio–, César Miró –director de Radio Nacional– y Luis Felipe Angell “Sofocleto”. Aprovechando la oportunidad y el momento, Aramburú le habló a mi papá del enorme interés de Sono Radio para que yo grabara un disco con mis canciones, a lo cual, fastidiado solo con la idea, mi padre se negó cortésmente, pero al final, ante la presión de todos, accedió “siempre y cuando fuera por única vez y no se me pagara un centavo”. Fue en esa reunión que César Miró, autor y compositor de “Todos vuelven”, al escucharme cantar “Viva el Perú y sereno” que yo había titulado “Pregones del ayer”, me sugirió que le cambiara el nombre por uno de los versos que ya estaba en la canción y, más adelante, me invitó a realizar un programa en Radio Nacional con glosas de él. Las vueltas que da la vida: el autor y compositor de “Todos vuelven”, el vals que me condujo a la música criolla, se convirtió en mi padrino artístico. Al día siguiente de la significativa y elegante reunión, bajo el título de “Alicia Maguiña: una sorpresa extraordinaria”, aparecía en El Comercio la columna de “Sofocleto” con estas frases elogiosas para mí:
ALICIA MAGUIÑA: UNA SORPRESA EXTRAORDINARIA He tenido anteanoche la gran satisfacción de escuchar las canciones y la voz de una muchacha bastante maltona, sí que también encantadora y bonita, que se llama Alicia Maguiña (el ojo) y que está destinada a producir un despiporre musical en el país. Alicia Maguiña tiene unos dieciséis años, pero viéndola tocar parece que tuviera lo mismo. Sus ojos grandes, su pelo chico y su guitarra que tiene cuerdas y todo, sirven de fondo a una voz fresca y clara, que nos hizo escuchar cinco maravillosas páginas suyas. De una picardía criolla elegante y fina, de una originalidad en los giros y en los versos y de una tónica que nos hace vivir los últimos años de la Colonia, esta muchacha ha sido una revelación para todos los que hicimos la platea en casa de la familia Montalbetti y nos ha llenado de un entusiasmo que me hace escribir estas líneas. Está prácticamente arreglado que esta chica haga una presentación por radio para ofrecer sus canciones en vía de tarjeta de visita, porque esta chicoca les aseguro que va a dar mucho que decir. Por de pronto, anteanoche me quedé con la boca abierta. Luis Felipe Angell, “Sofocleto”. El Comercio, 27 de octubre de 1957. 82